Por Patricia Martínez

 

Título original: Im Schwarm-Ed. Herder. 2017.

Del autor: Byung-Chul Han es un pensador contemporáneo, nació en 1959 en Seul- Corea del Sur. Realiza su formación académica y desarrolla su trabajo en Alemania. Es experto en estudios culturales, profesor de la Universidad de arte de Berlín y autor de varios libros,  algunos de los cuales están traducidos al castellano. El autor escribe en alemán.

“Las lágrimas caen, la tierra me recobra” con esta cita de Fausto a modo de epígrafe comienza “En el  enjambre”.

La tecnología digital está con nosotros, para el autor representa un cambio radical de paradigma, un cambio de época.  Nos embriagamos con esta nueva tecnología, participamos de ella, pero sin poder ver qué consecuencias tiene. Esta ceguera y la obnubilación que acarrea son para Han la crisis actual.

Voy a comentar el libro de atrás hacia adelante. Comenzando por las conclusiones.

El autor plantea que estamos ante un cambio de paradigma.  Si Foucault describe el paradigma de la biopoder, de la sociedad del control y la vigilancia, por el cual el poder de muerte del soberano dejó paso a la administración y control cuidadosos;  hoy ese modelo deja lugar a un nuevo paradigma, el del Panóptico Digital, por el cual deja de ser una sociedad biopolítica disciplinaria para dar lugar a la sociedad psicopolítica de la transparencia y se produce el pasaje del bio-poder al psico-poder.

El psico-poder está en condiciones de intervenir en los procesos psicológicos. Vivimos en una era de datos, todo el tiempo dejamos rastros de lo que hacemos, dónde lo hacemos, qué compramos, que buscamos por internet, hacia dónde vamos, a quién llamamos por teléfono. Está enorme acumulación de datos lleva a qué sobre la pregunta del  por qué ante él es así:

“queda atrás toda teoría de la conducta humana, desde la lingüística hasta la sociología.  Olvide usted la taxonomía, la ontología y también la psicología, ¿quién puede decir por qué los hombres hacen lo que hacen? Lo hacen simplemente, y podemos constatarlo y medirlo con exactitud sin parangón. Cuando disponemos de suficientes datos, los números hablan por sí mismos”

La teoría se vuelve superflua frente al imperio de los datos. Es de nuestro interés señalar que quién habla son los números.

¿Qué consecuencias tiene entonces este nuevo paradigma? ¿Por qué habla de Enjambre?

Así cómo Walter Benjamín en “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” extrae las consecuencias de los efectos que las nuevas tecnologías tienen sobre el arte al punto de redefinirlo,  Han evalúa las consecuencias que las nuevas tecnologías y formas de comunicación digital tienen sobre la subjetividad y el lazo social.

Por ejemplo parte del Respeto,  el respeto supone una distancia con el otro, un mirar hacia atrás o volver a mirar, está ligado al nombre y al resguardo de la privacidad, condiciones que  engloba bajo el pathos de la distancia necesaria con el otro y en el marco de la diferencia entre lo público y lo privado. Nos recuerda la definición que da Barthes de la esfera privada: “esa zona del espacio, del tiempo, en la que no soy una imagen, un objeto”

Bajo el paradigma del panóptico digital, se pierde la distancia, el respeto y el nombre, la comunicación se torna inmediata, la mirada sin distancia, es la mirada del espectáculo, la sociedad del escándalo y del anonimato. Lo público y lo privado se confunden. Siguiendo a Barthes entonces: ¿qué nos ampara entonces de no ser objeto?

En la era digital gobiernan las “shitstorms”, lo cual literalmente significa tormentas de mierda, así se nombra a la información que inunda las redes, lo que aquí llamamos trabajo de los trolls.  Es información intencionada, apunta a generar un estado de ánimo y de ese modo ejercer el psico-poder.

Carl Schmitt consideraba soberano al que decide sobre el estado de excepción.  Según Han después de la revolución digital habría que redactar de nuevo la frase de Schmitt: “Es soberano el que dispone sobre las shitstorms de la red”

Las shitstorms pueden producir indignación. La indignación es una forma de reacción, pero podemos agregar, no hace lazo con los otros, los indignados son inestables, no arman ningún nosotros, no llegan a construir una masa en el sentido que la trabajaba Le Bonn, autor que analiza. La masa deja lugar al enjambre, un amontonamiento fugaz, inestable y disperso, de indignados por las tormentas de mierda que circulan y determinan el ánimo, pero que por su dispersión e inestabilidad no engendran ningún futuro ni son capaces de combatir los efectos del neoliberalismo.

Para el autor los sujetos neoliberales de la economía no constituyen ningún nosotros. La sociedad digital es una sociedad de la transparencia, de lo actual, del ruido comunicativo y de la soledad.  No es capaz de engendrar lo completamente otro, lo singular.

En este punto hace una referencia que me interesa compartir: “El medio digital hace que desaparezca el enfrente real. Lo registra como resistencia. Así pues la comunicación digital carece de cuerpo y de rostro.  Lo digital somete a una reconstrucción radical la tríada Lacaniana de lo real- lo imaginario y lo simbólico, desmonta lo real y totaliza lo imaginario”

De ciudadano a consumidor, las democracias digitales son desideologizadas, la política es sustituida por los expertos que administran; los partidos políticos se quieren superfluos. La propaganda electoral se mezcla con la comercial y el acto de gobernar se funde con el marketing.

Concluye el libro planteando que la sociedad de la vigilancia digital desarrolla rasgos totalitarios. Nos entrega a la programación y el control psico políticos.

En “La agonía del eros”, el autor se centrará en los efectos que tiene este paradigma sobre los sujetos, el amor y el deseo. Pero quedará para la próxima reseña.

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