Por Edith M. Fernández de Baggiani

La lectura de esta novela es una experiencia, y como tal, no fácil de trasmitir. Y para un psicoanalista no es sin que sobrevuele el escrito de Lacan “Homenaje a Marguerite Duras por El Arrebato de Lol V. Stein”. Allí dice: “Marguerite Duras resulta saber sin mí lo que yo enseño”. También Freud ha dicho que en su materia el artista siempre lo precede. Pero más allá de esas referencias, la escritura de este relato se revela magistral en describir vivencias, tan profundas como innombrables, con una textura que toca el cuerpo del lector.

En el inicio, sucede la escena nodal en la sala de baile del Casino de T. Beach, en donde Lol V. Stein inicia su locura. Allí su prometido, Michael Richardson, irresistiblemente flechado por una mujer de más edad, abandona a Lol, que asiste, atónita, al abrazo de ambos al son de la danza.

Ha pasado tiempo, Lol Stein se ha casado, ha tenido hijos y parece haber superado su pasada crisis y postración. Después de 10 años regresa a S.Tahla, su ciudad natal, en donde reencontrará, azarosamente, a su antigua amiga Tatiana Karl, testigo de aquel drama. Ella y su amante, Jacques Hold, serán el vehículo para reconstruir aquella escena que provocó el arrebato.

Lol V. y Michael Richardson están en el salón de baile, aparece la mujer de más edad, ¿era hermosa? Él cambió, sus ojos se iluminaron, se dirige a ella y la invita a bailar, ella no rehúsa. Lol V. los contempla toda la noche. Esta visión estupefacta no parece acompañada de sufrimiento. Extraña omisión de su dolor. Con la luz del alba Lol sale de su anonadamiento y parece confusamente comprender un final. Michael Richardson y la mujer, Anna Marie Stretter, se van. Cuando deja de divisarlos Lol cae al suelo desvanecida.

Sabemos que no nacemos con un cuerpo, sino que se constituye en una serie de operaciones que conducen a la simbolización: espejo, mirada que refleja, que asiente, que confirma; tercero que es metáfora y es reconocido como tal, algo cae y “hace falta”: a. Anudamiento de tres: RSI.

El organismo de origen es libidinizado en el mundo del lenguaje y se hace cuerpo.

Marguerite Duras eligió la palabra “arrebato” para titular su novela. Arrebato de dos en una danza. También el hombre le es arrebatado. Pero centralmente es el cuerpo lo que le ha sido arrebatado a Lol V. El cuerpo que cayó cuando Michael Richardson la abandonó.

A lo largo del relato, se habla de cuerpos, y de vestidos y desvestidos. De miradas que escrutan, de miradas que visten y desvisten. Lo que permite darle entidad a la mirada, como investimento y como estructurante.. “El cuerpo delgado de la otra mujer aparecería poco a poco (…); Lol sería sustituida por ella (…); a medida que el cuerpo de la otra mujer aparece, el suyo, el de Lol, se borra, se borra…”.

Después de esa noche Lol permaneció en su habitación algunas semanas “en un cansancio insoportable, imposible de expresar lo aburrido que era ser Lol Stein (…). El cansancio infinito de no poder desprenderse de eso (…) que se había convertido en desierto (…)”. La gente explicaba esta vida de Lol por su sufrimiento. “Tan tierna antaño, se había vuelto de hojalata desde su historia de abandono”. Para su amiga de la infancia, Tatiana Karl, los síntomas de Lol estaban incubados desde siempre. “A Lol le faltaba algo para estar ahí”.

Lol parece a gusto con su marido. Incluso feliz. Él dice amar  a Lola Valerie, “esa presencia calma, esa durmiente viva, ese continuo eclipsarse…y reaparecer con su pelo rubio… esa virtualidad constante y silenciosa que él denominaba la dulzura de su mujer”. Así vuelve a su ciudad natal, donde hará recorridos insistentes como indagando qué de las mujeres miran los hombres; donde en el encuentro con Tatiana Karl y Jacques Hold, su amante, querrá revivir y reconstruir la noche de T. Beach.  Reconstruir el fin del mundo.   E intentará construir una triangularidad, exiliada en un campo de centeno desde donde trata de mirar a los amantes.

Hay una recurrencia al trío, vemos que Jacques Hold amará a Lol, ella querrá estar con él y reconducirse a esa noche de baile.

Existe un camino de tres que Lol V. Stein desconoce; Jaques Hold la acompaña en el intento de construirlo. Pero seguiremos encontrando a Lol, ni histérica ni voyeur, mirando desde ese campo de centeno, porque mirar la realiza en el armado del cuerpo inacabado. Lol V. y  su juego, que busca en el amor la cifra de tres.

Elijo concluir con un párrafo de la novela, que lei, no sin asombro, como una alusión a la Metáfora Paterna. Duras refiere al  desconocimiento de Lol V.: “No dispone ningún recuerdo de ese desconocimiento (…) pero cree que debe penetrar en él (…) innombrable a falta de una palabra. Lol ha creído que esa palabra podría existir (…).Sería una palabra-ausencia, una palabra-agujero (…). No se habría podido pronunciarla, pero se habría podido hacerla resonar. Faltando, esa palabra estropea a todas las demás por el hecho de faltar” (pág. 39- 40).

Esta, más que una reseña, quiere ser una invitación a leer un bello regalo de la literatura en manos de Marguerite Duras, que con maestría y sutileza penetra en los recovecos de la mente, del alma de sus personajes.

Edith M. Fernández de Baggiani.

Nota: La biografía dice que Marguerite Duras alojó por un día a una mujer enferma del hospicio y ubica allí el origen de la novela.

1) El Arrebato de Lol V. Stein . TusquetsEditores, 2010

2) Homenaje a Marguerite Duras de J. Lacan. Otros Escritos, Editorial Paidos, 2012

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