Por Ana Lanfranconi

Entre el deja vu y el apres coup, dos textos se enlazaron en una experiencia de lectura  en dos tiempos, como si un hilo rojo hubiera trabajado para que en un instante, lo leído en un pasado  iluminara o fuera iluminado por un texto actual, si es posible nombrar como actual algo que se funde-funda con un texto pasado, que tampoco lo es. A continuación, ambos textos:

1 – En la película La Grande Bellezza el protagonista había escrito una sola y excelente  novela en su juventud y después se perdió, vivía una vida algo vacía, maníaca. En algún momento alguien le pregunta por qué no había vuelto a escribir y él responde que estaba buscando la gran belleza y no la encontró. La película termina con su voz en off: “Al final siempre está la muerte, pero antes hubo la vida, escondida bajo el blablá bla y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta del embarazo de estar en el mundo. Blablá bla. Más allá está el más allá. Yo no me ocupo del más allá, por tanto que esta novela dé comienzo”.

2 – “Esto es algo que ocurre en un análisis, donde no se trata de construir un sujeto ni de revelar una identidad última o algún más allá, sino de que por un momento alguien se dé cuenta de que hablando con su cuerpo y sin saberlo se hace sujeto del acto de decir al tiempo que sale de su posición de objeto que tanto puede haber aumentado su malestar en la vida como hacerlo sufrir. Esto significa alejarlo de lo real del sufrimiento. Que la castración se vuelva no mera amenaza sino posibilidad. ¿De qué? De saber que la promesa es siempre una promesa, que la ilusión siempre será una ilusión y que su vida es su vida, porque en tanto ser hablante lo único seguro es la muerte, que sin coincidir con la castración es lo real del límite.” (Norberto Ferreyra, La práctica del análisis)

En la resonancia el deseo elige, si se puede decir así, el modo en que los significantes hablan entre sí, desde ese lugar Otro,  tan remoto y tan íntimo. Es eso que nos dice algo, lo que resuena, lo que toca el cuerpo y lo despierta a la escucha.

Hace más de un año tuve el placer de ver la película La grande bellezza, dirigida por Paolo Sorrentino. Me cautivó justamente su belleza, sus planos, su ritmo, lo bizarro de sus personajes, su elegancia kitsch, con evocaciones fellinescas. Pero sobretodo la historia que cuenta y cómo está contada. Las palabras finales me impactaron tanto que las anoté. En noviembre del año pasado, a propósito de la elaboración del trabajo para la Jornada de la Escuela, estaba leyendo un libro de Norberto Ferreyra. Y de pronto, como un rayo, el escrito guardado se me presentó con una nitidez sorprendente. Cuando los reuní, me asombró su resonancia, que en realidad ya había operado. Esa musicalidad, intraducible, dice. Aquella experiencia, hecha de palabras y de cuerpo, es  la que he intentado transmitir en este escrito.

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